Enrique Menéndez Pelayo

En 1861 nació en Santander Enrique Menéndez Pelayo.

Estudió en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza desde donde se trasladó a Valladolid y Madrid para licenciarse en Medicina en 1883. Ejerció de cirujano en el hospital de San Rafael entre 1885 –atendió a las víctimas de la epidemia de cólera de ese año- y 1894, un año después de la explosión del buque “Cabo Machichaco”, no sin olvidarse de su hermano a quien aconsejó durante años sobre su reuma y otras dolencias.

Utilizando seudónimo, escribió en medios de prensa como “El Atlántico”, “El Aviso”, “El Diario Montañés” o “Santander Crema”.

Su primera obra publicada fue “Poesías” en 1886, a la que le siguieron “Desde mi huerto” (1890), “Romancero de una aldeana” (1892), “Vía Crucis nuevo” (1907) y “Cancionero de la vida quieta” (1915).

Aparte del interés por la poesía también cultivó la prosa, publicando varios cuentos y novelas cortas: “A la sombra de un roble” (1900), “Cuentos y trazos” (1905), “El idilio de Robleda” (1908), “Interiores” (1910) y “La golondrina” (1904).

Sus éxito en la poesía y en los relatos le guiaron hacia el teatro, estrenando obras como “Las noblezas de don Juan”, el 18 de marzo de 1900, en el Teatro de la Comedia de Madrid y “Alma de mujer”, el 27 de enero de 1904, en el Teatro Principal de Santander.

Junto a ellas destaca una pieza corta de 1905, “Rayo de luna” y las inéditas: “Los albaricoques“, “Un buen partido” y “La reina de la fiesta“.

Participante en tertulias afamadas, dejó escrito en el libro “De Cantabria” en la que acerca al lector a autores como Amós de Escalante, Adolfo de la Fuente, Ángel de los Ríos, Fernando Pérez del Camino, Tomás Campuzano, Fernando Pérez del Camino y José María de Pereda. Además de a su hermano, consideró como sus maestros al  poeta Amós de Escalante y al novelista José María de Pereda.

Fuen nombrado correspondiente de la Real Academia de la Historia en Santander en junio de 194 y formó parte de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos.

A la muerte de Marcelino vigiló el cumplimiento de su testamento y derechos literarios, fue el primer bibliotecario y presidente honorario de la Sociedad Menéndez Pelayo y a pesar de la ceguera, que le acompañó en sus últimos años, siguió manteniendo al frente de la misma hasta su muerte, el 22 de agosto de 1921.

Mención aparte merece su intervención en la creación de “La Gota de Leche”, la “Biblioteca Municipal” o el “Ateneo de Santander”, sin duda fue el gran impulsor del “Monumento a Pereda” y los homenajes a Amós de Escalante y José María de Aguirre.

Dejó el libro póstumo “Memorias de uno a quien no sucedió nada“, donde narra diversos aspectos de su vida y la relación con su hermano.

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